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EXVOTOS IBÉRICOS DE BRONCE

 

 

de julio a octubre

 

 

Los iberos expresaban su religiosidad a través de exvotos en forma de pequeñas figuras elaboradas en piedra, bronce o terracota, unos elementos de “arte popular” que fueron considerados en un primer momento como representaciones de dioses. En cuanto a los exvotos metálicos, son piezas macizas realizadas mediante la técnica de la “cera perdida”, de un tamaño no superior a los 18 cm de altura, con algunas excepciones. Generalmente son imágenes estilizadas de oferentes masculinos y femeninos en actitud de plegaria, con algún rasgo exagerado (manos, ojos, órganos sexuales) y portando alguna ofrenda (un panecillo, frutos, etc.). Del mismo modo también se conocen jinetes, caballos y partes del cuerpo, así como miniaturas de cuchillos afalcatados. Su cronología parte, por lo general, de mediados del siglo III a. C.
Estas piezas eran depositadas en honor a divinidades, a cambio de protección, bienestar, salud y prosperidad, encontrándose en santuarios ibéricos del sur y sureste peninsulares, destacando núcleos como el entorno de Despeñaperros en Jaén (Collado de los Jardines, Castellar de Santisteban) o La Luz (Verdolay, Murcia), así como en otros puntos de Andalucía y Levante. Estos centros de culto siempre se localizan sobre elevaciones del terreno o en cuevas, próximos a importantes vías de comunicación y a cursos de agua, a una determinada distancia de los núcleos de población, siendo en ocasiones auténticos centros de culto comunitarios de control territorial.




En particular, en la Contestania contamos con el importante santuario de La Luz, junto a la vega del río Segura, próximo al poblado de Santa Catalina y de la necrópolis del Cabecico del Tesoro. Su origen parece remontarse a fines del siglo V a. C., y a mediados de la siguiente centuria se constata un área sacra a cielo abierto, con ofrendas en las grietas de las rocas y áreas de cremación. Posteriormente se construye un edificio de planta trapezoidal para el culto a Deméter y Perséfone, hallándose animales sacrificados, cuchillos afalcatados y depósitos de cerámicas, testimonios probablemente de silicernia o banquetes rituales. En el tránsito entre los siglos III y II a. C. se construye un nuevo edificio de inspiración greco-itálica, con columnas de ladrillo estucado, sillares, antefijas de palmeta y pavimentos de opus signinum, destruido durante la segunda mitad del II a. C.



    

 

     

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