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CATÁLOGO

   DAMA DE CABEZO LUCERO 
Necrópolis de Cabezo Lucero
(Guardamar del Segura, Alicante)
Piedra arenisca)


Piedra arenisca
h: 49 cm; a: 54 cm; e: 33 cm
Ibérico
Finales del siglo V a. C., inicios del siglo IV a. C.
 

Escultura reconstruida como un busto femenino en posición frontal.
A partir de los criterios de restauración que fueron elegidos en su momento para presentar esta nueva muestra de la escultura ibérica, podemos indicar que existen dos grupos de fragmentos que dan cuerpo a la restitución propuesta. Por una parte, la cabeza y arranque del cuello con los elementos de adorno y vestimenta que los cubren y embellecen y, por otra, la serie de collares que penden sobre el pecho. Ambas agrupaciones de trozos no llegan a tocarse por muy poco, aunque dada la similitud de la piedra, labra y lugar de hallazgo no se dudó de que todo era parte de la misma escultura.
De la cabeza la parte más dañada es el rostro. En el bloque hallado no quedaban prácticamente rasgos faciales. Sin embargo, se pudieron adherir fragmentos que dieron forma a algo más de la mitad de la cara, fundamentalmente el lado izquierdo. La frente es ligeramente inclinada, el ojo, muy perdido y remarcado con incisión, permite reconocer una configuración almendrada. La nariz, a la que le falta la punta, se muestra recta y abre levemente a las aletas para definir unos amplios orificios nasales. La boca es ondulante y remarcada por labios carnosos. El mentón, algo prominente, enlaza con el arranque del cuello, que se sugiere no muy robusto.
Está cubierta por un manto de apariencia pesado por el pliegue arqueado que corona la frente y con el que se abre desde los rodetes. El manto cubre un tocado, visible en la frente. Completa el aderezo superior un adorno, que aparece por debajo del borde del gorro, consistente en una serie continua de semicírculos. Se trata con toda probabilidad de una diadema.
Los elementos más llamativos, que nos recuerdan inmediatamente a la “Dama de Elche” son los rodetes, aunque más esquemáticos que en aquélla, para albergar el cabello. Los originales probablemente estuvieran hechos con láminas de metal.
El otro conjunto que forma parte de la reconstrucción de la escultura reúne los fragmentos del pecho cubierto por collares. Un fino resalte en la parte superior indica el escote de la túnica, que sugiere forma redondeada. En dos de los collares penden medallones que representarían piezas de oro o plata en forma de lengüeta, ensartados por lo que serían cordones o aros metálicos. De los otros dos collares, cuyos modelos serían de pasta vítrea, el superior está constituido por cuentas en forma de oliva, esféricas y planas; el inferior muestra pares de cuentas discoidales entre las que se colocan otras en forma de tonelete.
La “Dama de Cabezo Lucero” fue destruida ya en época ibérica como otras esculturas del yacimiento, algunos fragmentos de las cuales se utilizaron como calzos para urnas cinerarias de alguna tumba. Este fenómeno “iconoclasta”, matizado en las últimas investigaciones, se ha detectado en otros cementerios y fue causado quizá por convulsiones sociales o cambios del ritual a finales del siglo V a. C. e inicios del siglo IV a. C.
Independientemente de que se tratara originalmente de un busto, son innegables los rasgos que la emparentan con la más famosa de las esculturas ibéricas. Esto pone de relieve varias consideraciones. En primer lugar que la “Dama de Elche” no es un unicum sospechoso o claramente falso tal como afirmaba hace algunos años un autor norteamericano. Que la escultura de Guardamar hubiera sido hallada en excavación arqueológica científica y en lugar próximo a la ilicitana son hechos suficientes para despejar cualquier duda sobre la antigüedad de ésta. La cercanía geográfica de ambas piezas, además de otros ejemplos que no son de tratamiento aquí, induce a pensar que existió en el área de las actuales comarcas del Bajo Vinalopó y Bajo Segura un círculo escultórico definido, que en definitiva sería una forma de expresión de un entorno cultural homogéneo, en el sur de la Contestania Ibérica.
C.S.: 6108.
LLOBREGAT, E. y JODIN, A., 1990.
ARANEGUI, C. et alii, 1993.


 

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